
Expertos Revelan Cómo el Arte y los Medios Pueden Imitar Efectos de Drogas en el Cerebro
Artistas y psicólogos reportan que la música, el cine y los videojuegos pueden estimular el cerebro de formas comparables al uso de drogas, ofreciendo intensos estados mentales sin sustancias
Key Points
- 1Psicólogos y creadores encuentran que las experiencias culturales pueden imitar los efectos de las drogas psicoactivas
- 2Videojuegos, películas y música son citados como desencadenantes de respuestas emocionales y mentales intensas
- 3Luciano Saracino y César Jones describen el consumo de arte como algo que genera hábito y estimula la creatividad
- 4La meditación y la atención plena también se identifican como métodos no químicos para alcanzar estados alterados
Un creciente cuerpo de investigaciones y testimonios directos de creadores sugieren que poderosas experiencias culturales —ya sea a través de la música, el cine, los videojuegos o incluso el cine para adultos— pueden estimular el cerebro de maneras notablemente similares a las sustancias psicoactivas. Según High Times, psicólogos y artistas por igual exploran cómo el arte y el entretenimiento pueden desencadenar estados mentales semejantes a los inducidos por las drogas, ofreciendo tanto escapismo como inspiración sin necesidad de intervención química
Videojuegos como Cyberpunk 2077, que sumergen a los jugadores en mundos distópicos llenos de sobrecarga sensorial, ejemplifican cómo las experiencias digitales pueden evocar respuestas emocionales intensas. Sin embargo, el psicólogo y experto en videojuegos Nicolás Crescenzi advierte que, aunque estas experiencias pueden emocionar y conmover a las personas, “una experiencia cultural puede emocionar, conmover, hacerte reír y llorar, y aun así no alterará tu percepción ni necesariamente influirá en tu toma de decisiones como lo hacen algunas sustancias”. Aun así, la frontera entre los efectos del arte y las drogas no siempre es clara, ya que muchos creadores encuentran su imaginación estimulada por ambos
Escritores y cineastas describen una atracción casi compulsiva hacia el consumo cultural, comparándolo con una necesidad diaria que puede conducir tanto a la inspiración como al apego. Luciano Saracino, autor de más de cien libros y numerosos guiones, admite: “Siento que hay algo que me atrae a consumir, que se ha convertido en un hábito. Y puede desencadenar destellos de inspiración”. Para Saracino y otros, consumir arte proporciona un “espacio mental psicodélico” que puede lanzar nuevos proyectos creativos, a veces tan poderosamente como cualquier experiencia inducida por drogas
Los paralelismos entre el arte y la intoxicación se extienden al entretenimiento para adultos y al cine de terror, donde los creadores buscan deliberadamente provocar reacciones viscerales. El director de cine pornográfico César Jones describe su trabajo como “el equivalente a una dosis de cualquier droga fuerte”, enfatizando cómo ciertas imágenes pueden eludir el pensamiento racional e impactar directamente el sistema nervioso. De manera similar, el cineasta Dustin Ferguson, usuario diario de cannabis, señala que las películas de terror generan “subidones de dopamina de la misma manera que las drogas”, tanto para el público como para los creadores
Los psicólogos destacan que, si bien los productos culturales pueden crear universos simbólicos y proporcionar poderosas recompensas emocionales, no replican completamente los mecanismos biológicos de las drogas. Damián Supply, psicólogo especializado en medios digitales, señala la meditación y la atención plena como medios no químicos adicionales para alcanzar estados alterados: “A través de ciertos estados de conciencia que pueden generarse mediante la meditación, veo una cercanía al mundo onírico, que es una categoría distinta a la vigilia”. El consenso es que la imaginación, la sensibilidad y la disposición a “viajar” son esenciales para acceder a estos estados, ya sea a través del arte u otros medios
Desde la perspectiva de la redacción de OG Lab, estos hallazgos revelan las líneas cada vez más difusas entre el consumo creativo y la estimulación química. A medida que la industria del cannabis continúa intersectándose con tendencias culturales y de bienestar más amplias, comprender cómo el arte y los medios pueden producir efectos psicológicos similares a los cannabinoides podría moldear la innovación futura de productos y las experiencias de los consumidores. Este panorama en evolución merece atención mientras la sociedad redefine lo que significa estar “colocado”, con o sin drogas